Otras obras

El Mito de Sísifo II
 
2007
Plata con baño de oro y 19 turmalinas redondas
10,5 x 23,5 Ø cm
Legado del artista

EL MITO DE SÍSIFO II

Desde comienzos del siglo XX, pintores, escultores y arquitectos se interesaron por las artes decorativas, y más particularmente por las artes del adorno, renovando una tradición iniciada en el Renacimiento con Cellini que haría participar a los creadores en todas las expresiones artísticas. Este movimiento creció con el Modernismo Catalán y aumentó después de la Segunda Guerra Mundial. En los años 20 del siglo XX, Alexander Calder fue el primer artista que alcanzó el éxito al hacer joyas a partir de la escultura moderna. Incluso diseñó piezas móviles que se activaban con los movimientos del cuerpo del usuario. En Alemania, la Bauhaus amplió la gama de materiales empleados por los artistas para fabricar joyas. Esta escuela consideró la artesanía, por primera vez, casi en igualdad con las artes mayores. Alberto Giacometti hizo sus primeras joyas en 1935, como resultado de un intento fallido al diseñar botones para la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli, los cuales fundidos en bronce, fueron rechazados al ser demasiado pesados, por lo que los convirtió en colgantes y broches para sus amigos. Más cercanos a nosotros tenemos joyas de artistas que también experimentaron en este campo como Picasso, Julio González o Dalí entre otros. Todos ellos hicieron incursiones esporádicas desde sus vanguardias históricas al mundo de la joyería.

Inspirada en mito de Sísifo (símbolo de la filosofía del absurdo, como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre), Martín Chirino se insertó en la orfebrería y creó una espiral en soporte de plata cubierta de láminas de oro y con 19 turmalinas  incrustadas con una apariencia de elaboración artesanal intencionada. «Lo he trabajado a la manera visigótica, sin recurrir al oro fundido y con una apariencia de naturalidad».

A imagen y semejanza de las pintaderas canarias, el escultor se mantiene así fiel a una constante en su obra, la tendencia por las formas helicoidales, forma consustancial prácticamente en toda la obra de Chirino, fruto de su investigación en su cultura ancestral.

Otro factor también importante es poder apreciar sobre el oro el trabajo de martilleo con que moldeaba el material y donde se pueden apreciar las muescas y cicatrices de la lucha. Un asunto valioso para Chirino, que hacía del gesto y el combate elementos sustanciales para reflejar su personalidad artística.

Esta escultura  joya se presenta en clara conversación interdisciplinaria con el resto de la obra de Chirino, porque, como dijo Otto Wagner, «realizar una obra de arte significa expresar la belleza sin hacer distinción entre grande y pequeño».

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