La galeria Marlborough acoge en Barcelona la primera muestra póstuma de Martín Chirino, ‘Mover el horizonte’

Bajo el epígrafe ‘Mover el Horizonte’, la galeria Marlborough inaugurará, el próximo jueves 16 de mayo y hasta el 15 de junio, la primera muestra póstuma de Martín Chirino (1925 -2019), en su sede de Barcelona (calle d´Enriq Granados, 68). La muestra complementa la última exposición que realizó en vida el escultor, en la Marlborough de Madrid, ‘Martín Chirino en su Finisterre’, a comienzos del pasado año e incluye las dos últimas obras del escultor.

“Chirino sitúa el origen, no a nuestras espaldas sino delante de nosotros”, manifiesta Rafael Argullol, autor del texto del catálogo

Con ese título, ‘Cantos a lo invisible’ el escritor Rafael Argullol ha realizado el texto del catálogo que acompaña a la muestra. El también catedrático de Estética de la Universidad de Barcelona elogia ahí la extraordinaria capacidad “intelectual y reflexiva” de Martín Chirino a la hora de afrontar sus piezas, con una férrea voluntad de “descubrir lo invisible a través de lo tangencial y de lo oblicuo”, y destaca también  su destreza para “apuntalar la ingravidez, en la órbita de Julio González, Giacometti o Henri Moore”.

“Para mí, el viento siempre ha sido una de las metáforas más poderosa de lo numinoso, si entendemos aquí lo divino como la fuerza indescifrable que nos interroga sin mostrarse. No vemos el viento pero vemos lo que el viento empuja, levanta, crea, destruye. No hay un fenómeno más idóneo para ilustrar el ideal de Chirino de transformar, aunque sea fugazmente, lo invisible en visible”, explica Argullol.

“El viento es el mensajero del misterio y sus manifestaciones se proyectan, continuamente cambiantes, sobre nuestras vidas”, agrega.

Otra de las metáforas clave en la obra de Martín Chirino son el vuelo –que define como un “éxtasis refinado, sutil, de extraordinaria delicadeza”- y la ola: “una delgada ola metálica que avanza lentamente por el mar del mundo”, analiza Argullol.

“Frente a la recta, que nos sugiere inevitablemente el dominio de un tiempo lineal, con pasado, presente y futuro férreamente encadenados, la espiral, la elipse o el círculo nos invitan a pensar en otro tiempo, en un retorno al origen que está colocado, no a nuestras espaldas sino ante nosotros. La memoria es un bucle por el que nos deslizamos, simultáneamente, en todas direcciones”, concluye.

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