Martín Chirino: Reinas Negras

La Fundación Martín Chirino ha programado, para los meses de junio, julio, agosto y septiembre, en su sede en el Castillo de la Luz de Las Palmas, la exposición MARTÍN CHIRINO: REINAS NEGRAS, cuyo comisariado ha encargado a Alfonso de la Torre. Coincidirá dicha exposición con la edición de una cuidada monografía sobre esa misma temática que ha escrito este autor, y que iniciara en torno a 2016 en conversación con Martín Chirino (Las Palmas, 1925-Madrid, 2019). El libro formará parte de un ambicioso proyecto de esta Fundación que reunirá, a modo de Enciclopedia, el trabajo creativo de Martín Chirino en sus diversas épocas abordado por prestigiosos críticos y especialistas.

Esta exposición en la Fundación Martín Chirino reúne monográficamente, por vez primera, el ciclo conocido como “Reinas Negras”, concebido en los inicios de la década de los cincuenta por Martín Chirino (Las Palmas, 1925-Madrid, 2019). Se trata de un reducido conjunto de esculturas y dibujos que, en palabras del artista, “fue el principio” de su conocido trabajo escultórico en la forja. La exposición ha sido posible gracias al préstamo de Museos y centros de arte, así como al de colecciones particulares.

Además, la exposición contextualizará ese trabajo mediante la presencia de obras del contexto internacional (Hepworth, Klee o Picasso), con una destacada referencia al papel tutelar de sus maestros Julio González y Ferrant, a la par que se mostrarán obras de Apel·les Fenosa, Plácido Fleitas, Eduardo Gregorio o Manolo Millares, entre otros.  Junto a ello, la exposición abordará los encuentros de ciertas obras con una selección de esculturas de arte africano, en tanto que se contextualizará por vez primera la admiración del escultor por las creaciones de Norman McLaren.     Un punto musical evocará los recuerdos de Chirino en “Blandy Brothers”, a la par que una extensa zona documental contextualizará, también, las publicaciones relacionadas con el artista en ese tiempo.

Chirino, artista extraordinariamente formado ya en nuestra década de los cincuenta, sería frecuentador de los territorios de extrañeza que tan fértiles han resultado para el arte de nuestro tiempo. Y, junto a elementos encontrados, maderas y piedras poco nobilizadas, Chirino pareció adoptar en aquel tiempo algunos consejos de Ferrant en el uso de ciertos materiales de su entorno, las maderas del pinsapo o limonero, la piedra volcánica del lugar que habita o la humilde hojalata.  Conservando en muchos de estos materiales una cierta raigambre telúrica y ancestral, algo que puede relacionarse también con un cierto declarado espíritu panteísta que Chirino recuerda le embargó, silencioso, desde su infancia.

En palabras del comisario, “en estas obras primeras Chirino certificaba ese ‘anhelo de soledad ejemplar que no sabe a primitivismo’ que escribiera Cirlot, redundando también en un tembloroso hermetismo y ejemplar dominio interior, artista capaz de estar y olvidar, a la par, muchas de las relaciones formales con su tiempo. A quienes escribimos, que esta (apenas) decena de esculturas agrupadas bajo el epígrafe de reinas hayan pasado, (casi) silenciosas por la historia del arte español, también con una cierta mudez en la bibliografía del artista por fin ahora solventada, le confiere una especial querencia para abordar esta reflexión. El maestro Chirino fue consciente en sus últimos tiempos de la capital importancia de este ciclo crecido en soledad-mas-soledad, silencio sobre el silencio. Levedad y peso, árbol o tierra, en las palabras de nuestro escultor, pienso en el silencio y quietud de su querido Brancusi cuando veo algunas de estas obras”.

Chirino, artista extraordinariamente formado ya en nuestra década de los cincuenta, sería frecuentador de los territorios de extrañeza que tan fértiles han resultado para el arte de nuestro tiempo.  Junto a elementos encontrados, maderas y piedras poco nobilizadas, Chirino pareció adoptar aquellos años algunos consejos de Ferrant en el uso de ciertos materiales de su entorno, las maderas del pinsapo o limonero, la piedra volcánica del lugar que habitara o la humilde hojalata.  Conservando en muchos de estos materiales una raigambre telúrica y ancestral, algo que puede relacionarse también con un cierto declarado espíritu panteísta que Chirino recuerda le embargó, silencioso, desde su infancia.

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